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En síntesis: una maravilla natural llamada Amazonía

Por qué el bioma amazónico es uno de los ecosistemas más importantes del planeta

Lago Agrio ubicado en la Amazonía ecuatoriana. Andrés Medina, Unsplash
26 agosto 2021
26 agosto 2021

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El bioma amazónico es, desde cualquier punto de vista, una de las grandes maravillas naturales del mundo. Se extiende por todo el norte de Brasil y otros ocho países, entre ellos Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela y las Guayanas.

Con más de 6 millones de kilómetros cuadrados, la Amazonía es el bosque tropical más grande del mundo, y su tamaño es más del doble que el de los dos siguientes mayores bosques tropicales, los de la cuenca del río Congo e Indonesia.

El río Amazonas fluye desde la cordillera de los Andes hasta el océano Atlántico y tiene más de 1100 tributarios, 17 de ellos de más de 1600 kilómetros de longitud. Toneladas de sedimentos en suspensión forman islas a lo largo de estos ríos, y el propio Amazonas deposita tanto sedimento en su desembocadura que la isla brasileña de Marajó tiene el tamaño de Suiza. Durante la temporada de aguas altas, todos los días se vierten al Atlántico hasta 18 000 millones de metros cúbicos de agua dulce.

Ningún otro ecosistema en la Tierra tiene mayor diversidad biológica que el bioma amazónico, donde se encuentran entre el 10 y el 30 % de las especies conocidas del planeta. Los científicos han identificado unas 40 000 especies de plantas diferentes y 16 000 especies de árboles, muchas de ellas valiosas fuentes de alimento. Aunque la mayor parte del bioma es un bosque tropical, también contiene sabanas y pantanos naturales.

Una vasta y sorprendente variedad de vida silvestre habita en el bosque amazónico, sumando alrededor de 2000 especies diferentes de mamíferos, reptiles y anfibios. Muchos de ellos —desde el delfín rosado hasta el mono choro y el saltarín de cola de alambre— solo se encuentran en este hábitat, y varios están en peligro de extinción. El extenso dosel de árboles del bioma también alberga a unas 1300 especies de aves, y sus ríos sinuosos son el hogar de unas 3000 especies de peces de agua dulce.

Un miembro de la etnia Tariana en la región Amazónica de Brasil. Julio Pantoja, World Bank
Un miembro de la etnia Tariana en la región Amazónica de Brasil. Julio Pantoja, World Bank

Además, el bioma amazónico es hogar de un conjunto importante de personas. Según un estudio reciente, se estima que 1,7 millones de personas pertenecientes a unos 375 grupos indígenas viven en unos 3344 territorios indígenas (TI) y alrededor de 522 áreas naturales protegidas (ANP), que abarcan las ocho naciones y el departamento de ultramar de la Guayana Francesa. Los recolectores de caucho, los habitantes de los ríos y las comunidades quilombolas (afrodescendientes) también viven en el bosque y, junto con los pueblos indígenas, se han organizado y luchado para preservar y demarcar grandes extensiones de la Amazonía como territorios indígenas protegidos y reservas extractivas. Actualmente, los territorios indígenas por sí solos cubren casi un tercio de la superficie terrestre de la región y, junto con las ANP, protegen más de la mitad del bosque amazónico.

Pero, por lo menos desde la década de 1970, el bosque tropical amazónico se encuentra bajo ataque. En Brasil, casi una quinta parte del bosque ha sido destruido, con una pérdida de 11 000 kilómetros cuadrados tan solo en 2020. Entre el 70 y el 80 % de la tierra convertida se utiliza para la ganadería, y otras áreas han sido destinadas a la producción de soya. El Perú ha perdido casi 3,4 millones de hectáreas de cobertura arbórea debido a la agricultura en pequeña escala y otras actividades entre 2001 y 2020. Colombia, mientras tanto, está perdiendo 200 000 hectáreas de bosque anualmente debido a la agricultura. Los proyectos de minería, represas e infraestructura vial también contribuyen a la devastación ambiental.

Dado que algunas áreas de la Amazonía están experimentando una reducción de hasta un 48 % en sus precipitaciones, los incendios causados principalmente por la agricultura de roza y quema están en aumento, la estación seca se ha ampliado en los últimos 50 años de cuatro meses a casi cinco, y tres sequías severas han afectado a la región desde el año 2005.

Boa arborícola amazónica en el Parque nacional del Manu, Perú. Ulrike Langner, Unsplash
Boa arborícola amazónica en el Parque nacional del Manu, Perú. Ulrike Langner, Unsplash

Esta destrucción tiene un impacto no solo en las precipitaciones de la cuenca del Amazonas —que se cree que contribuyen a la generación del 70 % del PIB de América del Sur—, sino también en el almacenamiento de carbono. Un estudio de 2007 estimó que el carbono total retenido en la biomasa forestal de la cuenca del río Amazonas era de 86 000 millones de toneladas. Sin embargo, estudios más recientes han encontrado que, debido a la deforestación y los incendios, durante los últimos diez años el bosque tropical en realidad ha emitido más carbono (16 600 millones de toneladas) que el que ha extraído (13 900 millones de toneladas).

Los ambientalistas de todo el mundo concuerdan en que, para detener esta avalancha de graves acontecimientos, se necesitan con urgencia derechos más seguros para los pueblos indígenas y comunidades locales (PICL) y mayor protección contra el acaparamiento de tierras. Como señala uno de los estudios antes mencionados, “un creciente conjunto de evidencias acumulado durante la última década sugiere que los PICL cumplen un rol medible y significativo en mantener intactos los bosques, con lo cual reducen las emisiones de carbono forestal y mitigan el cambio climático”.

Sus esfuerzos de conservación tienden a ser “más efectivos y menos costosos que las alternativas convencionales impulsadas por los gobiernos”, afirma el estudio, mientras que un informe de 2016 señala que las tasas de deforestación en territorios indígenas legalmente reconocidos son de dos a tres veces menores que en áreas similares no registradas a pueblos indígenas.

El informe prosigue diciendo que el aseguramiento de las tierras indígenas en Bolivia, Brasil y Colombia, además de contribuir al aumento de la diversidad biológica y al control de la erosión y las inundaciones, evitaría la emisión de hasta 59,7 millones de toneladas de dióxido de carbono en veinte años, una cifra equivalente a dar de baja hasta 12 millones de automóviles cada año.

Las cifras dan cuenta de que la Amazonía es en el mundo, un lugar sin igual y de esencial importancia, no obstante, este ecosistema amenazado se acerca a su punto de inflexión, por lo que es más urgente que nunca tomar decisiones que aseguren su permanencia para las generaciones actuales y futuras. Acompáñanos en el próximo evento GLF Amazonia, del 21 al 23 de setiembre.


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