Las turberas de Perú están comenzando a compartir sus secretos… y los formuladores de políticas están escuchando

En desarrollo el primer marco nacional para proteger la cuarta franja más grande de turberas tropicales del mundo

Midiendo la degradación de la turba en Perú. Las turberas almacenan más carbono que cualquier otro tipo de paisaje terrestre. Foto: Kristell Hergoualc'h/CIFOR
2 febrero 2021
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Las turberas de Perú, que albergan el cuarto volumen más alto de turba tropical del mundo, están cubiertas en misterio. Son difíciles de acceder, también de mapear e históricamente poco estudiadas, lo cual dificulta, pero no impide, que  puedan ser reguladas y preservadas.

Durante los últimos ocho años, un equipo de científicos del Estudio Comparativo Global sobre REDD+ (GCS-REDD+), financiado por NORAD, y del Programa de Adaptación y Mitigación Sostenible de los Humedales (SWAMP por sus siglas en inglés), un esfuerzo de colaboración del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) y el Servicio Forestal de los Estados Unidos (USFS), con el apoyo de USAID, han trabajado incansablemente con sus socios, en particular el Instituto de Investigación de la Amazonía Peruana (IIAP), para descubrir algunos de los secretos de las turberas del país. Gracias a sus esfuerzos, una creciente comunidad de científicos que estudian las turberas, empresarios y responsables de la formulación de políticas de Perú se han movilizado para apoyar al Gobierno en la redacción del primer marco regulatorio nacional para proteger estos ecosistemas valiosos.

Este marco regulatorio incluiría una definición específica de turberas en la Estrategia Nacional de Humedales (ENH) del país e incorporaría las emisiones de turberas en los objetivos nacionales para REDD+, un esquema global liderado por la ONU para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la preservación y restauración de los bosques. Si bien las cifras de 2019 de Global Forest Watch muestran que la tasa de deforestación en Perú no ha disminuido mucho, aunque el país inicialmente fijó el objetivo de tener cero emisiones por deforestación y cambios en el uso de la tierra para 2021.

Para Kristell Hergoualc’h, quien dirige el equipo de investigación de SWAMP en Perú, la creación del nuevo marco no solo es una gran noticia, ya que además “permitirá elevar el perfil de las turberas de América del Sur en general, dado que tienen una extensión amplia en el continente, enfrentan amenazas importantes y siguen siendo poco estudiadas”.

Un pantano de turba peruano. Foto: Kristell Hergoualc’h/CIFOR

Llenar los vacíos de conocimiento

Las turberas son paisajes con un gran poder para mitigar el cambio climático y regular los ciclos del agua. Aunque solo cubren el 3 % de la superficie terrestre del planeta las turberas almacenan alrededor del 30 % de todo el carbono terrestre. Las condiciones de anegamiento en estos pantanos ralentizan la descomposición de la materia orgánica, lo que crea una gruesa capa de turba hecha de hojas, ramas y otros materiales vegetales parcialmente descompuestos.

Los científicos que caminan en medio de las turberas amazónicas de Perú podrían encontrarse sumergidos hasta los hombros en los escombros en descomposición, que también funcionan como un depósito enorme de carbono: dos metros de turba almacenan 10 veces más carbono que la misma profundidad en un suelo mineral.

Sin embargo, aún se desconoce mucho sobre las turberas de América del Sur. En 2012, cuando el equipo de Hergoualc’h comenzó a estudiar las turberas de palmera peruanas, conocidas localmente como “aguajales” debido a la abundancia de palmeras frutales de aguaje, la falta de conocimiento científico sobre las turberas -fuera de las del sudeste asiático- era común.

Desde entonces y hasta ahora, la carencia de datos, de comprensión, de coordinación política, y un financiamiento inadecuado, han obstaculizado la protección de las turberas en la legislación ambiental del Perú. Esto las coloca en una posición vulnerable, ya que están cada vez más amenazadas por las actividades petroleras y mineras, la construcción de carreteras, el pastoreo excesivo y el cambio climático, por nombrar solo algunos.

Una vista de cerca de la turba, la cual se conforma de materia vegetal que se ha estado descomponiendo durante siglos. Foto: Kristell Hergoualc’h/CIFOR

Para promover la protección de las turberas, el equipo de GCS-SWAMP y sus socios, incluido el IIAP, comprendieron que necesitaban un plan a largo plazo que no solo generara investigación, sino que la tradujera en impactos positivos en la concientización sobre las turberas, la colaboración de las partes interesadas y la política nacional.

Los hallazgos de la investigación del equipo fueron y continúan siendo los pilares de los resultados e impactos de mayor nivel.

“Se necesitan más esfuerzos para mejorar los mapas existentes, identificar los impulsores de la degradación de las turberas, mejorar las evaluaciones de las reservas de carbono y medir los flujos de GEI para que estos ecosistemas se incluyan adecuadamente en las políticas nacionales y los tratados mundiales como el Acuerdo de París”, explica Hergoualc’h.

Hasta ahora, la investigación de los científicos ha logrado avances significativos; han encontrado pérdidas notables de las reservas de carbono de la biomasa y cambios en la composición de especies asociados con la degradación de los aguajales. También han descubierto que la degradación modifica los intercambios suelo-atmosféricos de gases de efecto invernadero como el óxido nitroso y el metano a microescala. Sin embargo, se necesita más investigación sobre los flujos de GEI de la turba –en particular el dióxido de carbono y sus controles, incluidos los patrones de lluvia– para comprender cómo los pantanos de palmeras degradados en Perú podrían afectar el cambio climático.

Bajo la sombra del aguaje

Los pantanos de palmeras amazónicas de Perú a menudo se degradan como resultado de la cosecha insostenible de aguaje de la palmera Mauritia flexuosa, cuyas hojas crean gran parte de la cobertura del dosel de esos paisajes. Endémico del Amazonas, el aguaje es poco conocido fuera de América Latina, pero es apreciado al interior de la región por su pulpa de color naranja brillante y por ser rica en antioxidantes y vitaminas.

El mercado de esta fruta provee de trabajo a más de 5000 familias en la Amazonía peruana. Sin embargo, las turberas de aguajales se encuentran bajo amenaza de degradación debido a que la recolección de sus frutos se realiza cortando las palmeras, en lugar de trepar por ellos, lo que reduce la cobertura de los árboles, lo que a su vez modifica la entrada de nutrientes y permite que llegue más luz solar al suelo, perturbando así el microclima y el equilibrio de las emisiones de GEI.

Por ello, el trabajo de GCS-SWAMP también implicó la colaboración con las comunidades locales para crear conciencia sobre técnicas de recolección más sostenibles. “Colaborar con las comunidades locales a veces puede ser un desafío si sienten que nos inmiscuimos en sus vidas y hábitos”, señala Hergoualc’h. “Para una colaboración a largo plazo, generar confianza es esencial”.

Trabajar junto con las partes interesadas locales y gubernamentales es esencial para garantizar que las turberas estén debidamente reguladas y gestionadas a largo plazo, destaca.

Muestreo de turba en Peru. Foto: Ulises Mozombite Murayari

Los frutos de la colaboración

En marzo de 2019, el Simposio Nacional sobre la Gestión Sostenible de las Turberas Peruanas reunió a científicos, representantes de entidades gubernamentales y empresarios en Lima, la capital de Perú, para lanzar una “comunidad de turberas peruanas”. El evento resumió años de investigación, conferencias, talleres y otras actividades de divulgación destinadas a promover la protección las turberas peruanas a nivel nacional e internacional. “Este evento, junto con los esfuerzos pasados […] ha impulsado un proceso para que el gobierno reconozca formalmente sus turberas y trabaje en un marco que permita su regulación”, cuenta Hergoualc’h.

La regulación es el primer paso para garantizar la protección y gestión sostenible de las turberas.

Desde el simposio, el Ministerio del Ambiente de Perú (MINAM), con el que trabaja estrechamente el equipo de GCS-SWAMP, se ha acercado cada vez más a la elaboración de una definición nacional de turberas y a la inclusión formal de estos ecosistemas en el sistema de clasificación de humedales del país. “Aceptar la existencia de turberas en Perú será el primer paso para desarrollar nuevas regulaciones que aseguren la protección y el manejo sostenible de los ecosistemas de turberas”, señala Euridice Honorio, científica del IIAP.

Además, el equipo de GCS-SWAMP, junto con los participantes del evento y  funcionarios del MINAM, redactaron una revisión actualizada de las turberas peruanas titulada ‘¿Qué sabemos sobre las turberas peruanas?’ la cual sintetiza el conocimiento actual sobre estos ecosistemas y propone una serie de recomendaciones para las partes interesadas.

Hoy en día, el futuro de la comunidad de turberas y sus resultados basados en evidencia se vislumbran con mayor esperanza. “No hay duda de que la toma de decisiones informada permitirá lograr avances significativos en la conservación y eventual recuperación de las turberas”, indicó José Álvarez Alonso, Director General de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente de Perú, en un artículo para Climatelinks, “y tenemos grandes expectativas de que SWAMP continuará apoyando esto”. Por su parte, Hergoualc’h confiesa que “es emocionante contribuir a estos esfuerzos” y destaca el esfuerzo conjunto que se ha forjado en el país: “Existe una voluntad impresionante de todos los actores para colaborar y avanzar hacia la conservación y el manejo sostenible de las turberas en Perú, desde las comunidades que viven en las turberas hasta el gobierno” y esas son sin dudas noticias para celebrar en Perú y más allá.


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