Forgotten Forests

El cerrado brasileño: el bosque invertido que necesita del fuego

Los secretos bajo tierra de la sabana más húmeda del mundo

With 5% of all the Earth's biodiversity, the Cerrado is one of the richest tropical ecosystems and covers 21% of Brazil. Carlos Ebert, Flickr
10 septiembre 2020
10 septiembre 2020

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No todo
lo que está torcido  
está mal

mira las piernas
de Garrincha
y los árboles
del Cerrado 

En 1993, el poeta y medioambientalista brasileño Nicolas Behr escribió un poema sobre Mané Garrincha, uno de los futbolistas más celebrados del país a pesar de una deformación en la columna que le hacía arquear las piernas y que provocó que su pierna izquierda fuera seis centímetros más larga que la derecha. Debido a estas extremidades famosamente desalineadas, Behr le hizo un paralelo con el Cerrado, el ecosistema de sabana donde el escritor vivió la mayor parte de su vida.

El Cerrado es la sabana más grande del mundo; se extiende por casi 2 millones de kilómetros cuadrados en la parte central de Brasil. Sin embargo, sus arbustos rechonchos y nudosos reciben mucha menos atención que las lianas exuberantes, las palmas frondosas y los árboles imponentes de ceiba de su glamorosa vecina, la Amazonía.

“Nadie estaba prestando atención a la sabana ni a los pastizales por tener nada más que árboles pequeños, árboles torcidos, árboles feos –en opinión de muchos”, explica la ecologista Giselda Durigan, profesora asociada de la Universidad Estatal de São Paulo y de la Universidad de Campinas, recordando su impresión cuando empezó su carrera hace más de tres décadas. “Pero yo vivía en la zona de transición entre el Cerrado y el bosque tropical, y empecé a prestar atención a estos ecosistemas olvidados”, cuenta.

•	Debido a su biomasa y sus árboles de poca altitud, el Cerrado ha sido considerado por mucho tiempo como el primo feo de la Amazonía vecina por los pobladores locales. Raizdedois, Flickr
Debido a su biomasa y sus árboles de poca altitud, el Cerrado ha sido considerado por mucho tiempo como el primo feo de la Amazonía vecina por los pobladores locales. Raizdedois, Flickr

El bosque invertido

Durigan no era la única que cuestionaba la denominación del Cerrado como ‘tierra marginal’. En décadas recientes, un número de científicos, economistas y agrónomos del Brasil han empezado a profundizar su comprensión y apreciación de lo que existe no solo en lo alto, sino también debajo del suelo arenoso de la sabana.

Una de las características más valiosas del Cerrado es la profundidad de su suelo, que actúa como una esponja y almacena la lluvia durante la estación húmeda para que los manantiales sigan fluyendo durante todo el año. Sus manantiales alimentan ocho cuencas hidrográficas grandes, que en conjunto proveen el 40 % del agua dulce del Brasil y de la que dependen sus centros urbanos.

“Es la sabana más húmeda del mundo”, señala Durigan.

Y ese no es el único servicio ecosistémico que el paisaje brinda, pues también es un sumidero de carbono crítico. Debido a que el suelo es tan profundo –se estima que alcanza profundidades de 25 metros o más­– las plantas que viven allí tienen sistemas radiculares extensos. Muchas tienen dos veces más biomasa debajo del suelo de lo que se ve en la superficie, lo que ha llevado a algunos ecologistas a apodar al Cerrado como “el bosque invertido”. Se estima que almacena alrededor de 13,7 mil millones de toneladas de carbono, dos tercios de los cuales yacen bajo tierra.

El modesto paisaje también posee una biodiversidad extremadamente alta – contiene cerca del % de toda la biodiversidad de la Tierra y el 40 % de sus especies son endémicas. Más de 12 000 especies de plantas viven en el Cerrado, al igual que muchos animales interesantes como el tamanduá-bandeira u oso hormiguero gigante(Myrmecophaga tridactyla), un personaje de cola muy tupida que crece hasta los dos metros de largo; el lobo brasileño (Chrysocyon brachyurus), que mayormente se alimenta de frutas; y el tapir (Tapirus terrestris), una criatura de hocico alargado y pezuñas que es el mamífero terrestre nativo más grande de la zona.

El oso hormiguero gigante es nativo de Sudamérica y Centroamérica, pero se encuentra amenazado principalmente por los incendios que queman sus hábitats. Fernando Flores, Flickr
El oso hormiguero gigante es nativo de Sudamérica y Centroamérica, pero se encuentra amenazado principalmente por los incendios que queman sus hábitats. Fernando Flores, Flickr

Los incendios estacionales –tanto naturales como intencionales– históricamente han desempeñado un papel importante para regular el ecosistema y mantener su rica diversidad. “Uno o dos meses después de los incendios, el Cerrado es como un jardín”, dice Durigan “porque hay muchas plantas y millones de flores”.

En la actualidad, los incendios controlados están permitidos solo en unas pocas áreas protegidas del Cerrado y quemar la vegetación nativa fuera de las reservas es ilegal. Sin embargo, Durigan y sus colegas han descubierto que sin fuego, la biodiversidad vegetal disminuye y la sabana se vuelve un paisaje de vegetación más espesa que los lugareños llaman cerradão.

“Es una pérdida enorme”, lamenta. “Estamos viviendo un momento en que el mundo ve al fuego como algo malo en Brasil. Por un lado, tenemos que mostrarle a la gente que el fuego en la Amazonía es muy malo, pero también es realmente malo si se deja de quemar el Cerrado”.

•	Las quemas controladas son una práctica común en el Cerrado, pero el cambio climático ha hecho que los incendios sean más difíciles de controlar. En 2019, los incendios en el Cerrado aumentaron en 800 %. Raizdedois, Flickr
Las quemas controladas son una práctica común en el Cerrado, pero el cambio climático ha hecho que los incendios sean más difíciles de controlar. En 2019, los incendios en el Cerrado aumentaron en 800 %. Raizdedois, Flickr

Los factores ganado y soya

La expansión agrícola también está cambiando la apariencia y funciones del Cerrado. Las personas han vivido en el bioma por milenios y el ganado ha pastado por siglos sin provocar impactos importantes. Pero en las décadas de los 70 y 80, los agricultores introdujeron pastos africanos para mejorar la productividad del ganado en la zona, y la especie invasora resiliente y de rápido crecimiento empezó a alterar el paisaje rápidamente.

Al mismo tiempo, los investigadores comenzaron a desarrollar variedades de soya, maíz y caña de azúcar que podían resistir los suelos pobres y la larga estación seca del Cerrado, y con la ayuda de irrigación y cantidades copiosas de fertilizante, los agricultores empezaron a cultivar allí por primera vez.

La demanda mundial de soya, carne de vaca y otros productos animales se ha disparado en años recientes. Especialmente la demanda global de soya se ha duplicado desde el año 2000, tres cuartos de la cual se usan para alimentar al ganado. Y mientras las granjas industriales buscan nuevas fronteras para expandirse, el Cerrado está en la línea de fuego.

“Es difícil tener una opinión definitiva sobre estas cosas porque depende de cómo se midan”, indica Toby Gardner, investigador sénior del Stockholm Environment Institute y director del sistema de información sobre cadenas de suministro de código abierto Trase. “Pero se puede afirmar fácilmente que la región norteña del Cerrado es la frontera de expansión de la soya de crecimiento más rápido en el mundo”.

Una pequeña parcela agrícola en el Cerrado. Raizdedois, Flickr
Una pequeña parcela agrícola en el Cerrado. Raizdedois, Flickr

Según el World Wildlife Fund, hasta 1 millón de hectáreas del Cerrado son desmontadas cada año, es decir, un área promedio casi del tamaño de Nueva York cada mes. Eso provoca la liberación de 250 millones de toneladas de carbono anualmente, equiparable a la emisión anual de 53 millones de carros. El cambio del uso de la tierra está también empezando a afectar el clima local, modificando los patrones de lluvia y disminuyendo el rendimiento agrícola.

Los niveles de deforestación total en el Cerrado son similares a los de la Amazonía, y ambos biomas han perdido cerca de 20 millones de hectáreas debido a la expansión agrícola desde inicios de la década del 2000,  “sin embargo, el Cerrado es mucho más pequeño”, explica Gardner, “y por eso, relativamente, ha experimentado un impacto mucho mayor”. Y debido a que las protecciones medioambientales que existen en el Cerrado son mucho menores que en la Amazonía, es probable que la disparidad aumente. Hay muy pocas áreas protegidas – solo 8 % del bioma está protegido oficialmente y menos del 3 % está bajo protección estricta.

Entonces, el impulso para salvaguardar lo que queda del Cerrado está en manos de los propietarios de tierras privadas. Sin embargo, a pesar de que el Código Forestal de Brasil señala que los propietarios pueden deforestar legalmente solo el 20 % de sus tierras, en el Cerrado se les permite talar hasta el 80 %. Además, la deforestación ilegal todavía ocurre a grandes escalas en la región.

En un estudio de caso en Mato Grosso – el mayor estado del país para las exportaciones de soya – investigadores de Trase encontraron que más de un cuarto de la deforestación total entre 2012 y 2017 tuvo lugar en las plantaciones de soya y que el 95 % fue ilegal.

•	Un paisaje agrícola en el Cerrado. Carlos Ebert, Flickr
Un paisaje agrícola en el Cerrado. Carlos Ebert, Flickr

Sin embargo, es importante mencionar que la mayoría de agricultores de soya sí cumplen con la ley y que la mayor parte de las infracciones son hechas por un pequeño número de instalaciones grandes y poderosas.  80 % de la deforestación ilegal en las plantaciones de soya ocurrió en solo 2 % de esas plantaciones.

“La mayoría de los propietarios de tierras son buenas personas que respetan las leyes y entienden cuán importante es cumplir y hacer las cosas de manera correcta”, dice Durigan.

Cadenas de suministro, política y una pandemia

Debido a que los cambios en las políticas en pro de la conservación parecen poco probables bajo la administración actual de Jair Bolsonaro, los defensores medioambientales están recurriendo a intervenciones voluntarias y basadas en incentivos para alentar a los agricultores a evitar más deforestación en la región. En 2017, más de 60 organizaciones brasileras de la sociedad civil lanzaron el Manifiesto por el Cerrado que, entre otras cosas, hacía un llamado a las compañías que compran productos del Cerrado para ayudar a detener la deforestación, y un gran número de tiendas firmaron una Declaración de Apoyo.

Este año, como resultado de ese compromiso, gigantes de la venta de mariscos como Tesco, Nutreco y Grieg Seafood –cada uno de los cuales compra grandes cantidades de soya para la elaboración de piensos– pusieron en marcha la Iniciativa de Financiamiento para los Agricultores de Soya en el Cerrado (FSFCI, por sus siglas en inglés) por la cual incentivan a los agricultores a plantar soya en tierras que ya han sido convertidas a la agricultura en lugar de deforestar más. Sin embargo, con empresas importantes de productos básicos como Cargill, que también compra grandes cantidades de soya ahí y que todavía no se ha adherido a ninguna de las iniciativas, la estrategia aún tiene vacíos significativos.

Dos lobos brasileños jóvenes, una especie que habita principalmente en el Cerrado. Valerie, Flickr
Dos lobos brasileños jóvenes, una especie que habita principalmente en el Cerrado. Valerie, Flickr

Entonces, ¿recae más responsabilidad en el comportamiento del consumidor para evitar contribuir a la devastación del Cerrado? Quizás, pero cuando las tiendas venden ‘productos sostenibles’ a un precio más alto, junto a productos menos sostenibles más económicos, Gardner sostiene que “ese es un mal comienzo pues sugiere que la sostenibilidad es algo especial. Deberíamos estar discutiendo sobre el costo real de producir algo de manera sostenible y aceptar que las cosas que no se producen de esa forma no son sostenibles y, por lo tanto, no deberían producirse así”.  

La legislación del país y su aplicación para proteger el Cerrado es también clave, advierte Gardner; en su lugar, las cosas están yendo en la dirección contraria bajo la administración actual, dice Durigan.

“Es ridículo. Estamos retrocediendo quizás 30 años en cuanto a conservación”, lamenta. “Y tener estas crisis medioambientales al mismo tiempo que la pandemia es particularmente difícil porque nos sentimos como si estuviéramos en una camisa de fuerza. No podemos salir a las calles, no podemos reunirnos con otras personas para discutir el tema. Todo sucede en el Internet”.

Durigan sostiene que si bien la próxima  Década para la Restauración de los Ecosistemas de la ONU (2021-2030) es un objetivo importante para los medioambientalistas en todo el mundo, es clave que no se pierdan las oportunidades para proteger lo que aún existe. Ella y sus colegas han estado trabajando para encontrar formas de restaurar las partes degradadas del Cerrado por más de 30 años, con poco éxito hasta el momento.

“Necesitamos proteger lo que aún queda porque no podemos restaurar el Cerrado basándonos en lo que sabemos actualmente”, manifiesta. “Necesitamos aprender mucho más, y aun así, no sabemos si existe una forma de hacerlo. Por eso, primero debemos proteger lo que tenemos, en lugar de planificar una restauración en el futuro”.

Cataratas en el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, una de las dos únicas áreas protegidas dentro del Cerrado. Raizdedois, Flickr
Cataratas en el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, una de las dos únicas áreas protegidas dentro del Cerrado. Raizdedois, Flickr

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