Cómo convertir áreas degradadas en paisajes sanos y productivos para la alimentación y el desarrollo

Market foods in Cameroon.
23 January 2019

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Los paisajes forestales degradados necesitan ser restaurados. Al mismo tiempo, la creciente población mundial necesita suficiente comida para alimentarse y opciones para salir de la pobreza. ¿Cómo podemos satisfacer estas necesidades al mismo tiempo?

Un grupo de expertos se dio cita en Bonn, Alemania, durante el Global Landscapes Forum para compartir información y lecciones en una sesión denominada “Paisajes Agroecológicos para la Seguridad Alimentaria”.

“La agricultura ha sido una de las principales causas del cambio de uso de suelo y la deforestación y es responsable del 80 por ciento de la conversión de bosques”, dijo Karin Kemper, Directora Sénior para Práctica Mundial de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Banco Mundial.

La demanda de alimentos, particularmente de carne, está creciendo, y se prevé un incremento de 50 por ciento para el año 2050, explicó Kemper.

“La carne requiere mayores insumos para su producción que los granos y los vegetales” dijo.  “Así que mientras todos estamos esforzándonos por sacar a la gente de la pobreza, si no lo hacemos de la forma correcta, tendremos como consecuencia un mayor uso de la tierra y degradación del suelo”, agregó.

Según Erick Fernandes, asesor de agricultura, forestería y cambio climático del Banco Mundial, una opción para resolver esta paradoja es el llamado enfoque jurisdiccional.

Se trata de un enfoque en el que un gobierno lidera el uso de bosques y tierras en territorios legalmente definidos. Con gobiernos nacionales y regionales atendiendo el manejo de la tierra, este enfoque reúne a los sectores público y privado para resolver de forma integral los asuntos relevantes, como por ejemplo,  emparejar las cadenas de abastecimiento de comida sostenible con los esfuerzos para reducir el daño ambiental.

“Los actores del sector privado son cruciales para alcanzar el éxito, dado el rol dominante que tienen las fuerzas del mercado para impulsar el cambio de uso de suelo cuando se le compara con el financiamiento público”, aseguró Fernandes.

Trabajar con, involucrar o empoderar a los usuarios locales de la tierra es una parte muy importante de la ecuación. Una de las lecciones más importantes, entre las aprendidas con este enfoque a lo largo de los años que ha estado en funcionamiento, es la importancia de una comunicación efectiva con todos los actores sobre lo que las iniciativas pretenden lograr.

“No es fácil discutirlo como un enfoque simple para terminar con la deforestación, debido a la necesidad de involucrarse con las diferentes partes de la comunidad de actores”, explica.

El rol de los actores fue notorio en un proyecto terminado recientemente por el Banco Mundial en Tayikistán, afirmó Drita Dade, especialista sénior del manejo de recursos naturales del Banco Mundial quien también participó de la sesión.

Más del 90 por ciento del territorio de Tayikistán es montañoso, lo que no sólo lo hace altamente vulnerable en caso de inundaciones, derrumbes y avalanchas, sino que también limita la agricultura a una reducida fracción del país –seis por ciento–.

En su esfuerzo para promover un manejo más sostenible de los recursos naturales e incrementar la resiliencia ante el cambio climático, el proyecto se centró en sindicatos de usuarios de agua y pastizales locales, así como otros grupos de base comunitarios.

Aquellas organizaciones recibieron tecnologías, con frecuencia sencillas, para mejorar sus ingresos mientras reducían la presión sobre los pastizales y las fuentes de agua. La introducción de una nueva especie de abejas del Cárpatos, que no hibernan, por ejemplo, permitió a los productores de miel incrementar su producción, mientras que una raza más productiva de ganado dio a los productores de leche diez veces más leche por día que las razas locales.

“Hubo también muchas experiencia en varios distritos sobre cómo manejar mejor los pastizales, incluyendo un acceso mejorado a pastizales de montaña, a los que se da poco uso, y el manejo rotativo de áreas de crecimiento por estación”, explicó Dade.

Mientras tanto, la disponibilidad de agua aumentó aproximadamente 50 por ciento gracias al proyecto, a través del uso de riego por goteo, limpieza de los canales de drenaje e instalación de medidores de agua y pipas de agua.

Así mismo, más de la mitad de los 323,000 beneficiarios del proyecto vieron un incremento en su ingreso en 20 por ciento, “el objetivo no sólo consistía en crear activos productivos para las personas de zonas rurales, sino también involucrar a la gente, cambiar su forma de  pensar para proteger mejor sus recursos”, señaló Dade.

La participación comunitaria fue también clave en un proyecto de tres años en Guatemala organizado por Forest and Landscape Values partnership, según explicó Larry Paul Fuentes de Heifer International.

El objetivo del proyecto, llevado a cabo en dos diferentes áreas cercanas a reservas de bosques protegidos, consistió en monitorear especies nativas de plantas y encontrar métodos de producción que preserven la biodiversidad, dijo. El proyecto usó como base el Programa de Incentivos Forestales del gobierno de Guatemala, el cual ofrece subvenciones a los dueños de la tierra que participan en proyectos de conservación o restauración del bosque.

“Estamos muy comprometidos en trabajar con cadenas de valor, porque al inicio del proyecto hicimos un proceso participativo en el que las familias de la comunidad decidieron cuáles eran las principales fuentes que podían generar ingresos para ellos”, destacó.

Las 49 comunidades involucradas en el proyecto se decidieron por tres productos que les darían ingresos: miel, cacao y  ojoche o nuez Maya (Brosimum alicastrum). “Y estas son cadenas de valor que son amigables con el medio ambiente y con la restauración del suelo”, añadió.

Con apoyo del proyecto, los productores de cacao están ahora plantando más de una docena de especies de árboles de sombra entre sus árboles de cacao, y 300 familias están ahora produciendo miel con sus 2,300 colmenas.

Las comunidades locales han cosechado tradicionalmente al ojoche –fruta rica en nutrientes– para su propio consumo. Pero ahora que rápidamente se está convirtiendo en una comida popular fuera de Centroamérica, el proyecto ayudó a las comunidades a obtener las facilidades para secar y procesar la nuez para la venta en mercados más amplios.

Ejemplos como estos muestran que el cambio está en camino en países alrededor de todo el mundo. “Podemos incrementar la productividad de los cultivos y las  cadenas de suministro verdes para minimizar la deforestación y la conversión del hábitat. Podemos restaurar los suelos y convertir las áreas degradadas en ecosistemas sanos y paisajes productivos”, concluyó Kemper.


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