A diez años de REDD+, lecciones y nuevas perspectivas

A waterfall in Indonesia, which has committed to reduce its
5 diciembre 2018

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Cuando REDD+ entró a la escena internacional hace 11 años, generó una gran ola de entusiasmo y nuevas esperanzas para salvar los bosques tropicales del mundo. Al demostrar que el valor de un árbol vivo era mayor que el de uno muerto, se esperaba que REDD+ pusiera a los países en una senda rápida de desarrollo hacia economías neutras en carbono y que en el camino lograra la transformación de sus paisajes, tanto físicos como políticos.

REDD+ nació en la Conferencia de las Partes (COP por sus siglas en inglés) de 2007 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en Bali, en medio de un gran entusiasmo por que, como una parte integral del nuevo acuerdo sobre el cambio climático, pudiera constituir un remedio importante.

Sin embargo, la reducción de emisiones provenientes de la deforestación y la degradación de los bosques y la mejora de las reservas forestales de carbono en países en desarrollo (REDD+) ha evolucionado mucho desde entonces, y no exactamente según lo planeado. Lamentablemente, no ha cumplido con las enormes expectativas de convertirse en una solución rápida y sencilla para los desafíos relacionados con el clima.

Desde 2007, más de 50 países han iniciado estrategias REDD+, 39 gobiernos subnacionales han asumido compromisos formales para reducir la deforestación, y se han implementado más de 350 proyectos REDD+ en los trópicos. Sin embargo, la escasa evidencia disponible acerca de su impacto sobre los bosques y las reservas forestales de carbono ha mostrado hasta la fecha solo resultados positivos modestos, mientras que sus efectos sobre el bienestar han sido limitados y mixtos.

El nuevo libro, Transforming REDD+: Lessons and new directions (Transformando REDD+: lecciones y nuevas direcciones, o REDD+ Transformador: lecciones y nuevas direcciones), desentraña las razones por las cuales REDD+ podría no estar a la altura de las elevadas expectativas de la gente y establece las vías clave que debe seguir para lograr el éxito futuro. El libro sintetiza el análisis realizado por el Estudio Comparativo Global sobre REDD+ (GCS-REDD+ por sus siglas en inglés), que se desarrolla desde hace diez años por el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) y con la participación de varios de sus socios en todo el mundo.

El título del libro tiene intencionalmente un doble significado. “REDD+ fue concebido como un catalizador para el cambio transformacional mediante el uso de incentivos directos: pagos a países en desarrollo a cambio de mantener y/o mejorar las reservas de carbono en los bosques tropicales”, explica el editor principal del libro, Arild Angelsen, profesor de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida y asociado principal de CIFOR. “Pero REDD+ en sí también se ha transformado”.

¿Cómo? Por un lado, la implementación de los pagos basados en resultados, una de sus características esenciales, no fue tan rápida y fácil como se pensó en un principio, y la principal fuente de financiamiento prevista, los mercados de carbono, no se concretó. Por lo tanto, el elemento central de REDD+, los pagos basados en resultados, apenas si ha sido probado, y no a gran escala.

La mayoría de las actividades de REDD+ han recibido el apoyo de un pequeño grupo de países donantes e instituciones multilaterales a través de fondos de desarrollo. Y los países y comunidades en desarrollo ya han asumido gran parte del costo para el despegue de REDD+, aunque esto no se menciona lo suficiente en las discusiones a nivel global.

PROBLEMAS DE DESARROLLO

Otra razón para la desconexión entre la teoría y la práctica de REDD+ es la vaguedad de muchos de sus términos y conceptos, la cual permite diferentes interpretaciones para satisfacer diferentes necesidades e intereses, pero que también puede llevar a confusión.

“Se puede evitar parte de esta confusión haciendo una distinción entre REDD+ como el resultado de la reducción de emisiones y [REDD+] como el marco para lograrlo”, señala Christopher Martius, coeditor del libro y coordinador de GCS-REDD+.

“Si se examina REDD+ a través de la lente de una teoría del cambio —una hoja de ruta pragmática hacia la transformación—, se espera que logre la reducción de emisiones a través de incentivos condicionados”, explica Martius. “En la práctica, sin embargo, REDD+ ha evolucionado para abarcar actividades amplias, bastante adaptativas y no condicionadas”.

Esto se debe a que existen ideas contrapuestas sobre qué es REDD+, cuáles son sus objetivos y cómo alcanzarlos. Objetivos enrevesados y compromisos poco claros de los donantes han complicado la idea original de REDD+ como una forma de mitigar el cambio climático a través de pagos basados en resultados, y ha llevado a un grupo heterogéneo de proyectos e iniciativas.

POLÍTICAS NACIONALES

Otro cambio en el rumbo de REDD+ fue el hecho de no lograr establecer un límite global de emisiones en virtud del Protocolo de Kioto, y el surgimiento de un nuevo marco para las iniciativas internacionales de mitigación y adaptación al clima en el Acuerdo de París de 2015. Ahora, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC por sus siglas en inglés) ocupan un lugar central, junto con estrategias paralelas como el crecimiento verde, la economía verde y el desarrollo bajo en emisiones.

Las investigaciones muestran que los NDC de muchos países en desarrollo han reconocido el importante papel de los bosques, han propuesto medidas de mitigación para el sector forestal y han desarrollado diversas iniciativas verdes para lograr sus objetivos de mitigación.

“Pero estas medidas no apuntan directamente a la reducción de las emisiones”, señala Pham Thu Thuy, coeditora del libro, científica de CIFOR y coordinadora del estudio en Vietnam. “Esencialmente, para que REDD+ sea efectivo, se debe incorporar la mitigación basada en los bosques a los NDC y a los planes de acción climática, e integrarla en todos los sectores y niveles de gobierno”.

NUEVOS DESARROLLOS

¿Y qué ocurre con la deforestación cero y otros compromisos del sector privado? ¿Y con la agricultura climáticamente inteligente? ¿Y con la restauración del paisaje forestal? ¿Y con los enfoques jurisdiccionales para el desarrollo rural bajo en emisiones?

“Todas estas iniciativas pueden apoyar el objetivo más amplio de REDD+”, explica Angelsen. “Pero quedan algunos desafíos pendientes”.

El libro dedica un capítulo completo a cada uno de estos enfoques, en los que analiza la evidencia sobre sus impactos y extrae lecciones para un lograr un camino más complementario y optimizado que conduzca al cambio transformacional.

A pesar de las elevadas expectativas sobre el financiamiento del sector privado, este no se ha concretado en la medida necesaria para mostrar un impacto real. Las promesas de deforestación cero han presentado algunos avances en materias primas con riesgo forestal (aceite de palma, cacao, café, carne de res y soya), pero, en general, las empresas no han compartido información suficiente  como para evaluar los avances hacia el cumplimiento de sus compromisos.

Otro capítulo analiza si la intensificación agrícola sostenible, un componente clave de la agricultura climáticamente inteligente, ayuda a “salvar” tierras de la deforestación. Sus autores concluyen que no se pueden dar por sentados resultados forestales positivos, y que las políticas agrícolas deben incluir medidas específicas para los bosques, a fin de garantizar que los mayores rendimientos no conduzcan a un mayor desmonte de tierras.

Los enfoques jurisdiccionales para el desarrollo rural bajo en emisiones integran REDD+, iniciativas relativas a cadenas de suministro sostenibles, políticas nacionales y financiamiento en una determinada jurisdicción. Un nuevo análisis de 39 iniciativas subnacionales muestra que la mayoría de ellas están logrando grandes avances hacia el cumplimiento de sus compromisos formales para reducir la deforestación.

Y aunque la restauración de bosques y paisajes representa el “signo más” (+) de REDD+ (mejora de las reservas de carbono forestal), pocos proyectos de restauración hacen seguimiento a los impactos en el carbono forestal o incluyen entre sus actividades el establecimiento de niveles de referencia o el monitoreo del carbono, y a menudo los objetivos son influenciados por la fuente de financiamiento. Un cambio en las estructuras de los incentivos podría ayudar a promover una gestión más sostenible de la tierra.

Los editores del libro concluyen que, aunque REDD+ no se ha manifestado como estaba previsto, sí ha ayudado a sentar las bases de mejores enfoques para proteger y restaurar los bosques tropicales y ha mejorado la gobernanza forestal en muchos países en desarrollo. A nivel global, ha contribuido a una mejor comprensión general de los impulsores de la deforestación y la degradación, y cómo abordar estos problemas. Y aunque su impacto en la tenencia ha sido modesto, REDD+ ha proporcionado una plataforma para que los pueblos indígenas y otros grupos marginados expresen sus preocupaciones e ideas.

“Crear una narrativa positiva sobre cómo contribuyen los bosques al desarrollo económico y a los objetivos de la lucha contra el cambio climático puede ayudar a REDD+ a adaptarse al panorama cambiante de una nueva arquitectura global para el cambio climático, a las políticas globales cambiantes y a las expectativas cambiantes de los donantes, los países REDD+, el sector privado y las comunidades locales”, señala Angelsen, resumiendo la conclusión de los autores del libro.

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