Los delegados del Brasil del Desafío de Bonn evalúan los esfuerzos de restauración forestal en todo el mundo

Bonn Challenge 3.0 summit. Itapu restoration trail. Restored corridor in Itapu. CIFOR/Yoly Guterrez
23 abril 2018

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BOCA DEL IGUAZÚ, Brasil (Landscape News) – Restaurar un paisaje deforestado va más allá de plantar árboles. Las actividades de reforestación también crean trabajos locales, le dan voz a la gente en la gestión de sus recursos naturales y aseguran los servicios ecosistémicos como el suministro de agua, dijeron los delegados que asistieron a la conferencia en Boca del Iguazú, Brasil, en la frontera con Argentina.

Representando más de una docena de países de los casi 50 que han tomado el Desafío de Bonn del 2011 para restaurar 150 millones de hectáreas de tierras deforestadas y degradadas para el 2020, la reunión cerca de las magníficas cascadas de Iguazú sirvió como una oportunidad para medir el progreso.

Las iniciativas de compromiso con el Desafío de Bonn ya han excedido la meta total por 10 millones de hectáreas.

“El reto ahora es como implementar estos compromisos para el 2020, a solo dos años, para que los árboles estén realmente creciendo en el suelo” dice Elsa Nickel, directora general del Directorado de Conservación de la Naturaleza y Uso Sustentable del Ministerio de Ambiente Alemán (BMUB), que copatrocinó la reunión junto con el gobierno brasileño.

La reunión fue la tercera reunión global del Desafío de Bonn desde el 2011, desde que el programa fue lanzado en el 2017 durante la Cumbre del Clima de la ONU en la ciudad alemana.

Varios países han aprobado legislación para ayudar a cumplir sus objetivos. Por ejemplo, en Brasil, una ley del 2012 requiere que los terratenientes mantengan o restauren una parte del bosque que se encuentra en su propiedad. Se espera que esa ley resulte en la restauración de 21 millones de hectáreas, casi el doble del compromiso del país en el Desafío de Bonn – de 12 millones de hectáreas.

Otros han llevado a cabo inventarios y han diseñado planes o estrategias nacionales de restauración. Pero el progreso ha variado de país a país, dicen los observadores, y hay mucho por hacer para alcanzar la meta del 2020 así como la meta más ambiciosa de 350 millones de hectáreas para el 2030, establecida en la Cumbre sobre el Clima de la Organización de las Naciones Unidas llevada a cabo en el 2014 en Nueva York.

Financiar la restauración sigue siendo un obstáculo, principalmente para los países pequeños, dijo Nickel.

“El financiamiento depende principalmente de la situación de cada país, ya sea que haya un inversor importante o un socio extranjero, o si la inversión tomará la forma de incentivos o una combinación de opciones,” dijo Manuel Guariguata, investigador principal en ecología de bosques tropicales y manejo forestal en el Centro Internacional de Investigación en Forestería (CIFOR), quien fuera observador en la reunión.

Los representantes en la reunión describieron una variedad de mecanismos de financiamiento. La ley de bosques de Guatemala establece un programa de incentivos para la restauración y el manejo forestal, financiado con el uno porciento de los ingresos ordinarios del país. Otros países han asignado financiamiento para ciertos proyectos en particular. Los ingresos de tarifas de agua en Lima, la capital del Perú, serán asignados para la reforestación y la restauración de las partes altas de las cuencas hidrográficas de las cuales depende la desértica ciudad.

Los países que se han embarcado en la restauración de paisajes forestales han encontrado que los proyectos reditúan de varias maneras. La provincia de Khyber Pakhtunkhwa en las montañas del norte de Pakistán fue la primera jurisdicción en cumplir su compromiso bajo el Desafío de Bonn, restaurando 350,000 hectáreas en el Hindu Kush a través de una combinación de regeneración de bosques naturales y siembra de árboles.

Junto con el nuevo bosque y el bosque en recuperación, el proyecto ha creado miles de trabajos “verdes”, especialmente para los jóvenes, con el establecimiento de unos 13,000 viveros de árboles.

Ese tipo de beneficio económico local puede ser un punto de venta para la restauración, la cual requiere un fuerte compromiso por parte de los gobiernos y las comunidades locales, dijeron los participantes de la reunión.

Una buena implementación requiere información científica precisa acerca de los ecosistemas, de manera que los planeadores puedan determinar dónde y cómo enfocar los limitados recursos para obtener el mayor beneficio.

El monitoreo a largo plazo es también necesario para determinar en qué medida el ecosistema se recupera y asegurar que los beneficios se mantengan.

La tarea es complicada porque los países se comprometen a reforestar un cierto número de hectáreas a nivel nacional, pero el monitoreo debe ser local para evaluar la restauración de las funciones del ecosistema, la biodiversidad y otros elementos, dijo Guariguata.

Es también importante hacer un monitoreo más extenso para asegurar que los beneficios de la restauración en ciertas áreas no son cancelados por la deforestación y la degradación de bosques en otras.

Varios países están usando las imágenes de satélite para monitorear la deforestación y el crecimiento de vegetación nueva, pero esos sistemas tienen limitaciones. Una plantación de maderables se muestra como nueva vegetación, pero no proporciona los mismos servicios ecosistémicos que un bosque natural, por ejemplo.

Incluso cuando un área es reforestada con especies nativas, el monitoreo remoto puede ser un reto. Durante el 17 de marzo, el segundo día de la reunión, los participantes visitaron una granja cerca de Boca del Iguazú, donde el propietario ha reforestado a lo largo de un río con el apoyo de Itaipú Binacional, la compañía que opera la enorme presa hidroeléctrica de Itaipú en la frontera entre Brasil y Paraguay.

El esfuerzo es parte de un proyecto más grande para vincular el bosque protector alrededor del embalse de la represa con varios parques nacionales brasileños, creando corredores para vida silvestre, restaurando la biodiversidad y protegiendo los suministros de agua.

Los ministros de gobierno y otros participantes contribuyeron al proyecto plantando alrededor de 30 retoños nativos. Pero el monitoreo remoto de franjas angostas de tierra restaurada es difícil sin imágenes satelitales muy detalladas y de alta resolución, dijo Jair Schmitt, director de la oficina de bosques y combate a la deforestación del Ministerio Brasileño de Medio Ambiente.

Alrededor del mundo, alrededor de 2 mil millones de hectáreas de tierra están deforestadas o degradadas. Unos 650 millones de ellas están en Latinoamérica, donde la reunión fue llevada a cabo. Los compromisos actuales son un primer paso hacia la restauración de dicha tierra.

El desafío de Bonn ha provocado esfuerzos regionales en Latinoamérica, África y Asia, uniendo a los países para comparar notas y compartir ideas.

“Más y más países quieren formar parte (del Desafío de Bonn) ahora,” dijo Nickel. “Ahora debemos estar muy interesados en que las promesas políticas sean implementadas y en tener muy buenos indicadores” de progreso.

(Translated by Guillermina Echeverria-Lozano)

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